EL FLUIR Y LA NECESIDAD.


Se dice que nada en este mundo es eterno, que nada es para siempre. Y eso es cierto, excepto por una cosa: nada es para siempre excepto el cambio. Todo va cambiando, quizá no nos demos cuenta, pero todo el universo fluye, a escalas temporales inconcebibles para nosotros, a tamaños muy grandes, como son las galaxias o muy pequeños como son las partículas subatómicas. Pero nada, nunca, jamás, está siempre en el mismo estado. Y este cambio, nunca se detiene, ese cambio es eterno y es el proceso resultantes de infinitas influencias que ni siquiera conocemos.

En la filosofía oriental, se hacen referencias al fluir del agua, del río, de los árboles elásticos que se adaptan al viento cambiante, etc... bellas y naturales metáforas que apuntan a un cierto defecto de nuestra conciencia. Para el sabio, está claro que nuestra incapacidad para observar el mundo tal y como es, se debe a nuestro juego con las ideas. Las ideas, como los números, son solo abstracciones del mundo real, y por tanto no son la realidad... hasta ahí está claro. Por supuesto que las ideas son útiles, pero deben permanecer en su lugar, son convencionalismos sociales y/o individuales que utilizamos para expresarnos o incluso para intuir el mundo como es (según nosotros). Las ideas son fáciles de manejar, son estáticas y no cambian, por lo cual podemos echar mano de ellas y utilizarlas cuando queramos para preveer el mundo. Y dado que el mundo está siempre en continuo cambio, tomar las ideas nos ayuda a "interpretarlo y manejarlo".
Que coloquemos las ideas en lugar de la realidad, es el resultado de la observación y la experiencia. Quiero decir, si yo veo que después de la noche sale el Sol, y eso lo veo una y otra vez, voy a dar por supuesto que después de la noche va a salir el Sol. Eso nadie lo puede discutir "después de la noche, viene el día". Y ese hecho, lo tomamos como una realidad inamovible. No  discuto el hecho de que mañana va a salir el Sol, sino el proceso por el cual, adquirimos un conocimiento, lo interiorizamos con palabras, y luego empieza a formar parte de nuestra realidad. ¿por qué digo nuestra realidad? Porque la afirmación "después de la noche, viene el día", si dejamos de verla a través de nuestro condicionamiento, vemos que es solo una afirmación subjetiva. Solamente existe en nuestra escala temporal, en nuestro planeta, e incluso en nuestras latitudes (en el polo norte, hay días y días seguidos sin ponerse el Sol). La realidad es como es, pero esta es cambiante. Es una afirmación no tan distinta a la que se decía hace 500 años: El Sol gira alrededor de la Tierra. 

Puestas las ideas, la verbalización en un lugar privilegiado, suceden dos aspectos importantes:

La formación del Ego. A medida que crecemos, y según las experiencias vividas, según la sociedad que nos rodee, según el nombre que nos pongan o el aspecto que tengamos, o lo que sea... nos vamos haciendo una idea de nosotros mismos. Esto quiere decir, que de nosotros, que seguimos siendo un organismo interconectado al universo y cambiante, extraemos una idea de nosotros mismos: extraemos la idea del YO. Aquí se da el primer error de conciencia, nos vemos a nosotros mismos como una entidad propia, nos vemos como Pepito, Juanito o lo que sea. Y esta personalidad que acabamos de concienciar es solo una idea, sin realidad... aunque para nosotros sí es real. Además, está ligada al proceso de autoprotección física para convertirse en autoprotección como objetivo. Esto quiere decir, que quizá en los procesos de aprendizaje, de supervivencia, empezamos a saber que cierto aspecto nos puede hacer daño y por tanto es conveniente preveer. Un ejemplo muy claro: imaginemos que de pequeños, al acercarnos al fuego, vemos que nos quema y nos hace daño, esto se queda grabado en nuestra memoria, y este aprendizaje es útil para nuestra supervivencia. La experiencia nos sirve como un mecanismo de supervivencia y es beneficioso... pero el siguiente paso, es el de que nuestra conciencia, superdesarrollada comparada con la de otros seres vivos, que empieza a crear una imagen de nosotros mismos, y por tanto una serie de escudo no para protegernos físicamente del fuego, sino para no dañarnos emocionalmente. Esto quiere decir, no dañar la idea que tenemos de nosotros mismos. Por tanto, la idea de nosotros mismos, está vinculada a nuestro cuerpo físico. Por tanto, está vinculada a la necesidad de protección y supervivencia, y la palabra clave, es la "necesidad", mientras no hay necesidad, no hay exigencias, ni de evitar el dolor y ni de perseguir el placer. Y al ser tomados como idea, separada del cuerpo, aparecen creencias basadas en la "necesidad" de reconfortar la idea de uno mismo.  

Dejamos de vivir. Quizá todo lo dicho anteriormente suene un poco desolador. Pero siendo serios, esto no deja de ser una valoración filtrada por nuestro egoísmo. Es tan limitada y a la vez tan sobrevalorada nuestra conciencia que nos es casi imposible ver algo más. Los sabios que han "podido" abrir sus horizontes de conciencia, saben que de desolador no hay nada. No lo explican, no lo expresan con palabras, no dan directrices que seguir porque si hubiera que seguir un camino, habría una intención y motivación fruto de nuestro Ego... y este es quizá, el punto más difícil de resolver de todos aquellos que buscan algo más.

Dejando eso a parte, es importante darse cuenta, que jugar con ideas, no es estar más vivo que un ordenador. Puede producirnos placer, entretenimiento, consuelo, etc.. pero mientras estemos centrados en los juegos de ideas, estaremos ciegos a la realidad. Erich Fromm, un destacado psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista lo explicaba de la siguiente manera (con mis palabras): a la hora de ver una flor, decimos que es una rosa, y durante se produce el parloteo rápido y casi imperceptible de la "rosa", dejamos de observar la flor.
Si esto se repite de forma casi infinita con nuestra ideas, con nuestros pensamientos, estaremos dejando de apreciar el mundo tal y como es. Estaremos viendo el mundo según nuestra experiencia, según nuestros datos y por tanto, el mundo dejará de mostrarse grande, apasionado, bello y de una inmensidad inconmensurable. Ante tal belleza, es posible cuestionarse qué es vivir... si aquello cuadriculado y medido que es lo que pensamos, o si es el gran mundo con infinitas cosas por descubrir para el buscador sin intención.

LA FELICIDAD Y EL SUFRIMIENTO. LAS DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA.



Si yo tengo un resfriado, y no quiero estar enfermo ¿puedo curarme insultándolo? "Maldito resfriado, lárgate!, no te quiero" .... ¿no verdad? Pues esto es más o menos lo que hacemos cuando el sufrimiento es de tipo psicológico. Cuando por ejemplo tenemos miedo, somos codiciosos, envidiosos (o lo que sea) y vemos que esto nos produce miedo, tendemos a escapar y huir. No queremos ser codiciosos (por ejemplo) porque vemos que nos produce sufrimiento, decir que no quiero ser codicioso y actuar como que no lo soy, no deja de ser lo mismo que el ejemplo de insultar el resfriado. Pero en el caso de la codicia, lo que pasa es que a más intentamos no serlo, más aumenta nuestra codicia. A mayor esfuerzo, mayor será la resistencia.

Una hecho que siempre me ha llamado la atención: Cuando miramos hacia atrás en el pasado y pensamos en qué es la felicidad, aparecen recuerdos difusos, un poco como ensoñaciones, casi no nos acordamos porque esta es vivida con todo el ser. Si en cambio echamos la vista atrás y pensamos en los momentos de dolor, de sufrimientos, estos quedan claros y definidos: Sufrí mucho, lo pasé fatal y no quiero volver, no me sentía con fuerzas para hacer nada y me da miedo que me pase de nuevo, lo que me pasó fue una desgracia, etc. En seguida clasificamos el sufrimiento para tenerlo definido e intentar actuar sobre él. 

La diferencia entre los dos estados es que en los momentos de felicidad pura, nos dejamos llevar, la vivimos con intensidad, en cambio, en los momentos de sufrimiento lo que queremos es escapar, nuestra mente se divide de sí mismo para analizarse. Ponemos palabras como si fueran los hechos. Al no terminar de experimentar o vivir el estado de ánimo, como si fuera el caso de la alegría o la felicidad que sí se viven con el ser completo, el sufrimiento queda gravado como una experiencia sin terminar como algo que debe ser solucionado y que por mirar a otro lado no va a desaparecer.

Según Alan Watts, preguntar ¿Cómo se hace esto? es no entender el problema. Buscar la solución lleva consigo el deseo de deshacerse del problema, y eso no es diferente de intentar escapar o de evitarlo. Vivir o experimentar una sensación no puede ser manejado con una guía de instrucciones porque las palabras no son los hechos. Y los procedimientos y las pautas que podríamos seguir para solucionarlo viene como respuesta a haber clasificado antes el problema, el sufrimiento, dejando así de ser algo nuevo y perdiendo su capacidad de florecer y marchitarse.

Es por eso que el problema es tan difícil de solucionar como sencillo, dado que a mayor esfuerzo que hagamos para escapar del pesar o del sufrimiento, mayor será la resistencia que oponga.

Lo mismo ocurre con la felicidad, con la búsqueda de esta. Suele pasar que al huir del sufrimiento, buscamos la felicidad como un ideal, debemos ser felices y comparamos una de esta. Entonces, la búsqueda de esta empieza a ser un problema, el ansia por conseguirla se convierte en necesidad y de ahí que algunos busquen esta en diferentes entretenimientos que, acaban convirtiéndose en necesidades. Pero la felicidad no es un estado que se busque, no se llega por un camino, es el estado natural de una persona sana física, pero sobre todo mentalmente. E igual que al aparecer la luz se desvanece la oscuridad, al aparecer la felicidad, los estados de ánimos que nos producen sufrimiento (no la causa del problema en sí), también se desvanece.

¿QUÉ ES EL YO? (IIª parte)

La mayoría, por no decir todos, sabemos que dentro de nosotros existe una especie de vacío. Todos sentimos una sensación de dolor, de inseguridad y sufrimiento que pocos aceptamos y somos consciente de ello. En ocasiones, realizando actividades, nos olvidamos de este sentimiento abrumador y utilizamos esto como vía de escape. Este escape se convierte en nuestra única salida a un problema que comparte en la humanidad y no sabemos gestionar, y como pasa con todos los miedos, si no se les escucha, se acrecientan y se hacen más y más fuertes.

No es de extrañar que en las sociedades actuales se busque la sensación, sentir cada vez más. Aumenta así el amplio abanico de posibilidades de entretenimiento: música, cine, teatro, comida, sexo, televisión, juegos, drogas o alcohol, relaciones enfermizas, etc... Y en el momento se termina o incluso antes de terminar cierta actividad, ya estamos pensando en la siguiente, se convierte en una especie de "necesidad" vital que no podemos dejar de hacer. Y si nos cansamos de esta, buscamos otra rápidamente. No podemos aburrirnos porque en el momento que nos aburrimos, estamos dejando paso a que nuestra mente saque de nuestro interior ese dolor del que escapamos y que mantenemos enterrado a la fuerza.

Si profundizamos un poco en el tema, vemos que todo esto es una huida siempre hacia delante de un problema sin resolver y sin entender. De un pequeño y originario defecto de nuestra condición humana y que con los años va aumentando cada vez más y más hasta que morimos. 

¿Qué es el yo? ¿qué somos nosotros?

La respuesta rápida es el nombre- Yo soy Raúl-. Pero Eso es solo una palabra. No significa nada y un cambio de nombre no me hubiera supuesto cambio alguno. Pero aunque esto es evidente, lo pongo en primer lugar para destacar que yo me identifico con ese nombre. Y si por ejemplo alguien dijera que ese es un nombre bastante feo, probablemente no me sentaría bien. Al identificarme con ese nombre, estoy trasladando mi seguridad psicológica a esa palabra. 

¿Si no soy el nombre, qué soy?

Puedo decir que soy un cristiano o un judío, o incluso que pertenezco a un país u a otro. Pero el proceso no es diferente. Las diferencias entre una persona de un país y otra de otro (o religión) son superficiales, interiormente somos iguales. Realmente somos hermanos. Pero nos hemos identificado con esta religión o país porque nos crean cierta seguridad psicológica y esto nos aísla y separa de las personas de otros países y otras religiones. Y si yo fuera cristiano y un judío agraviara mi religión, probablemente volvería a sentirme ofendido (el orígen de las guerras religiosas). De hecho, tanto las religiones como las nacionalidades son solo de interés privado para las élites gobernantes... pero eso es otro tema.

Seguimos investigando...




Es posible que si pensamos un poco más, lleguemos a la conclusión de que nosotros somos nuestra forma de actuar y comportarse, que eso nos hace únicos. En este caso nos identificamos con nuestro carácter. Es cierto que reaccionamos diferentes unos de otros. Pero en primer estado, esto se debe a procesos subconscientes tan rápidos que escapan a nuestra conciencia, y nada más. Y estos procesos subconscientes responden a experiencias vividas anteriormente. Si tomamos el experimento del "Perro de Pavlov" ¿Podría decir el perro de Pavlov que él era un perro que salivaba con el ruido de la campanita?. Al igual que yo podría decir que soy el chico que tubo un accidente con la bici cuando era pequeño
(Siguiendo con el ejemplo de Pavlov). Lo que sucede es que el perro de Pavlov tomar esa experiencia para diferenciarse de los demás perros, se identifica con ella y la hace suya. Pero la pregunta es ¿Entonces, no existía este perro antes del estímulo? ¿Si no hubiera protagonizado el experimento de Pavlov, no habría existido? La respuesta es que sí habría existido.

Al igual que el perro se identifica con esa experiencia y llamarse a sí mismo "el de Pavlov", nosotros nos identificamos con nuestras experiencias y las clasificamos en buenas y malas. Entonces decimos que nosotros somos de tal o cual manera según esas experiencias y las reacciones que provocan. Pero hay que tener en cuenta que esas experiencias que nos crean ideas, no existen en el momento presente, no están ahora... pero nosotros sí. Esto no quiere decir que no existan en nuestra memoria, sino que ahora no existen excepto como ideas. De hecho, en nuestra memoria hay experiencias, pero también existen recuerdos de cuentos, películas o historias, (igual que existen recuerdos de nuestras experiencias) y eso no quiere decir que estas existan. Solo le daremos la importancia si reaccionamos a ellas.

Entonces, ¿qué somos?

Nuestros nombre no somos nosotros, nuestras creencias o nacionalidades no somos nosotros, ni nuestras experiencias y carácter somos nosotros. No son reales, lo único real es nuestro proceso de identificación, pero esto no es nuestro solo. Este proceso lo compartimos todos los humanos e incluso, en menor intensidad, hasta los animales superiores. Todos nos identificamos y todos nos sentimos agraviados si alguien no alaba aquello que sirve de idea de identificación.

Si este proceso no es propio, y es común a todos, ¿no deberíamos abordar el problema como algo colectivo? 

¿Qué nos dice la ciencia.?

La ciencia, con el método científico, se queda sin palabras a la hora de buscarnos. Muchos científicos buscan la conciencia como el origen de nuestra esencia, como si estuviera en un grupo de células aun no descubiertas. Un científico cojerá un microescopio y si analiza el cerebro solo verá tejidos blandos y si aumenta la visión más, células. Si sigue indagando y ampliando la capacidad del microscopio, puede que vea átomos, y si se mete dentro de ellos solo verá cargas energéticas revoloteando entre ellas a grandes distancias, tan alejadas unas de otras como lo está el Sol de la Tierra (a escala). Y entre todo ello, un enorme vacío, un enorme vacío que no acaban de entender.

¿En la filosofía oriental?

Miles de años de que la ciencia actual descubriera que gran parte de nosotros está compuesto por nada, los antiguos budistas, taoístas, maestros Zen y otros sabios Hindúes, se dieron cuenta que nosotros no somo nada. Que no existimos excepto en que el pensamiento nos crea una imagen con la que se identifica y que esta imagen está compuesta por mi nombre, mi origen, mis experiencias, mis ideas y mis conclusiones. Y como ya hemos visto, esto no existe realmente ahora, pero sí nosotros. Pero como nos dan cierta seguridad o placer, nos identificamos con ellas, vamos componiendo esa imagen de nosotros mimos... pero como ya he dicho, no somos nada.


¿Esto es bueno o malo?

Antes de que alguien se desespere al ver que todo aquello con lo que se identifica no es nada, excepto ideas y recuerdos (reacciones físicas y químicas), debemos ser realistas. No somos, pero estamos vivos. No nos hemos creado a nosotros mismos. Pero eso no dice que no podamos disfrutar del atardecer, del aire fresco matutino, de un buen descanso, de la luna, de un río libre de agua claras, de las hojas de los árboles moviéndose mecidas por el viento. Podemos disfrutar de ver a un ser querido feliz, de ver a un desconocido reír... Si dejamos de identificarnos con todos nuestro recuerdos, si dejamos de identificarnos con nuestro nombre, nuestro país o la experiencia con sus consiguientes ideas, si hacemos eso, seremos todo. De hecho, no solo es que nosotros seamos todo, sino que todo es también nosotros.  


Como dice Krishnamurti : Sea nada y entonces viva.

EL PRINCIPIO DEL TAO "Wu Wei"


Uno de los aspectos fundamentales del Tao es el que recibe el nombre de "Wu Wei", que quiere decir "no acción". Es un principio que el Taoísmo filosófico comparte con el budismo y que es un aspecto fundamental, un pilar, del Tao.

El Tao, un movimiento filosófico impreso en el alma china (y porqué no humana en general), en contraposición a su coetáneo el Confuncionismo, proclama que la libertad individual es la única manera de conseguir la felicidad. Las normas sociales, las estrictas leyes, la presión de la comunidad, etc, no son más que trabas en contraposición de la felicidad humana. La cual debe ser entendida como la unión con la naturaleza, con el alma universal.

Cuando en el Taoísmo encontramos el principio Wu Wei, un valor que hace énfasis y vemos reflejado en la literatura posterior. No estamos hablando de no hacer nada, de un tipo de pasividad absoluta, ni mucho menos. Realmente, se refiere al forzar los acontecimientos. Lo que quiere decir Wu Wei es que el Universo, la Naturaleza, el principio del principio, va en una dirección y forzar las cosas es, un error. Primero porque toda intención intencionada y forzada va contra la corriente del universo (de ahí las numerosas referencias al agua, al río, y no ir contracorriente de este). Segundo, porque la intención forzada es siempre un crecimiento del Ego, de la entidad imaginaria que nos separa del mundo, que nos aísla.

Podríamos decir, que Wu Wei, sería una especie de espontaneidad creativa:

El que ansía no erige,
el que tranquea no camina,
 el que se exhibe no resplandece, 
el que se acredita a sí mismo no se esclarece, 
el que se afana por sí mismo carece de mérito,
el que es obstinado no acrecienta. 

Todo esto me trae el recuerdo del esfuerzo, del que habla Krishnamurti, un gran sabio del siglo XX. Este gran erudito, afirmaba que la raíz del Ego era el esfuerzo, porque siempre, detrás de este se encontraba una intención (que siempre era el resultado de buscar lo "bueno" y huir de lo "malo"), de la intención de buscar seguridad psicológica.

También me recuerda a Alan Watts, que hablaba del esfuerzo de forma burlona diciendo: - ¿se esfuerza la primavera por venir antes?, ¿se esfuerza el árbol por ser más árbol?...

EL BIEN Y EL MAL., ORIENTE Y OCCIDENTE.


Karl Marx
En las religiones monoteístas más influyentes: Judaismo, Cristianismo, e Islamismo;  encontramos la primera referencia histórica sobre el Bien y el Mal. Cuando  Adán y Eva comen de la fruta prohibida descubrieron en ellos un mundo nuevo, adquirieron la moralidad. A partir de ese momento los actos podrían ser clasificados como buenos y como malos, ya no valía el libre albedrío. Y por tanto, aparece la culpa, un sentimiento que han monopolizado las religiones organizadas con el fin de concentrar más y más poder. Sobre esto podríamos hablar y hablar y no terminaríamos nunca, incluso del papel machista de la mujer, de Eva que convenció a Adán para tomar la manzana famosa... así que no continuo por este camino. Cualquiera puede leer a filósofos occidentales, desde Platón, a Nietzsche, pasando por Spinoza o Marx.



Pero ¿cómo tratan el tema del Bien y el Mal los principales movimientos filosóficos y religiosos orientales?

Una característica común del pensamiento oriental es la idea de que el pensamiento se mueve con ideas opestas (lo sé, viva la redundancia), tratamos de clasificar hechos diferenciándolos de otros, clasificándolos en comparación con otros relacionados o no. Decimos que una cosa es "alta" comparándola con la cosa "baja", decimos que eso es "poco" porque sabemos que es "mucho"....  y por último, que algo es Bueno porque hay algo Malo, así funciona la mente, con opuestos, con dualidad.

Por ejemplo, para el Taoísmo, el Bien no puede existir sin el Mal, son las dos caras de la misma moneda y no existe una sin otra. No están separadas y son inseparables. Por ejemplo, si te pregunto si es buena la luz del Sol, podríamos argumentar que sí, que es buena, pero a la vez también es mala. Y es buena o beneficiosa para unos seres y mala para otros. Al final, la conclusión más sensata es decir que no es ni buena ni mala... quizá provechosa para unos y no tanta para otros. Pero no deja de ser un punto de vista sesgado, particular e incompleto.

En el Budismo, los principios del Bien y el Mal NO son esas ideas preconcebidas que extraemos de un código moral que nos ofrecen los expertos y los libros escritos por expertos. El Bien pertenece a la iluminación, y el Mal a la oscuridad. Y por supuesto, no se refiere a la luz en sí, sino a la claridad mental. Un varemos de que alguien se encuentra iluminado en mayor o menor medida es que el que se encuentra iluminado, se encuentra feliz y sereno más que el que se encuentra en la oscuridad. Puede ver un problema y entenderlo sin dejarse llevar por el conflicto de los opuestos.

Krishnamurti
En el hinduísmo, el Bien y el Mal se antojan un poco al concepto del Budismo. Hacer el Bien o el Mal se relaciona con el Karma, y de ahí con la rueda de la reencarnación. Uno, al ser más iluminado hace mayor bien, y en el punto más avanzado llegará a tal punto que estará fuera de las reencarnaciones infinitas. Objetivo al que llegó Buda.

No obstante, esta interpretación del Karma ( y también del bien absoluto del Cristianismo), fue criticado en ocasiones por Krishanmurti. Para Krishanmurti el mal era el Ego. De él salen todas las batallas, todas la guerras, los nacionalismos innecesarios, los conflictos. Para K. el Ego era lo que nos separaba y nos aislaba, por tanto lo clasificaba como maligno.

Conclusión:
La diferencia entre las religiones monoteístas mayoritarias de occidente comparados con los movimientos filosóficos y religiosos de oriente es que en estas últimas no anteponen un sistema o código moral que nos permite clasificar la realidad entre el bien y el mal. En las orientales se insiste en que el Bien y el Mal son simplemente interpretaciones personales y sesgadas de la realidad, que conforman el Ego y que se sitúa en el campo de la ilusión.

Es cierto que encontramos el hinduísmo como religión que nos habla del bien y el mal. No obstante, no se basa en un código moral, sino en la búsqueda de la eliminación del Ego. Y mientras la eliminación del Ego en el Cristianismo se "consigue" reduciéndolo a servicio de Dios, no fue ningún Dios quien escribió el sistema moral. Fueron los "expertos" los que escribieron y escribieron el código para después otros "expertos" lo interpretaran para amoldarlo a los tiempo actuales. El hombre compuso el sistema moral en nombre de un Dios.

¿QUÉ ES SAMADHI?

Cuando profundizas en la práctica del yoga, cuando practicamos la relajación, la atención, la meditación, la concentración en la respiración, en el mantra, etc... conseguimos cierto estado de la mente en la cual esta va acallando su continuo parloteo. Los pensamientos empiezan a ir un poco más despacio, y por tanto las barreras entre los que vemos, lo que oímos, olemos, tocamos, y los que somos, empiezan a atenuarse.

Samadhi, es un estado de la mente que podemos traducirlo por "juntar", por "fundirse". Este estado de la mente se consigue cuando podemos estar tan absorto en algo que nuestra mente se convierte en uno con ese algo. Lo que es, lo somos nosotros. En Samadhi, nuestra identidad desaparece, dejamos de lado nuestro rol social (padre, hermanos, arquitecto, albañil, conductor, español, etc...). Como hemos dicho, no hay obstáculo entre lo que nos atrae y nosotros. Lo vemos, lo miramos y acabamos unidos a él. El efecto que produce Samadhi es liberador. Nos quitamos el velo que cubre nuestra conciencia y quedamos en una especie de euforia tranquila.

No obstante, para que se produzca Samadhi, los yoguis experimentados tienen claro que antes hay que pasar por dos estados anteriores. Dharana, Dhyana y por último Samadhi.

Voy a recrear una figura del libro "El corazón del Yoga" de Desinkachar.



Primero se da Dharana. Y repito "se da", porque no podemos ir hacia Dharana ni Dhyana ni Samadhi, únicamente podemos propiciarlo, podemos crear las condiciones para que se den.

Dharana es el estado de la mente en que esta se mantiene calmada, poco a poco el parloteo deja paso a una mayor atención hacia el objeto. Nos concentramos o enfocamos la atención en un objeto.

Dhyana es el estado de la mente en el cual esta esta tan pendiente del objeto que existe cierta conexión. 

Samadhi, el cual ya hemos visto, es el último estado de la mente. Somos uno con el objeto y toda nuestra energía es él.

El Samadhi no único del Yoga, otras religiones como el hinduismo, budismo, jainismo y sijismo también hace mención de este estado iluminativo. En Yoga, no se busca el Samadhi, este aparece porque creamos las condiciones adecuadas. Un cuerpo sin tensión, una mente calmada, y una visión profunda del mundo interno y externo.

CONÓCETE A TI MISMO.


Muchas veces, mucha gente, cae en el error de buscar aquello que desea con motivo de escape. Escapar de la realidad, y utilizar una idea reconfortante para sentirse seguro, tranquilo, valorado, o que ha llegado a un punto de perfección cercano al nirvana, etc...  Saber y entender esto en toda su profundidad es el primer paso, entenderlo bien, no solo como un juego dialéctico. Luego, a partir de ahí, viene el ejercicio y la comprensión sobre nosotros mismos.

Propongo un ejercicio, yo lo utilizo algunas veces en meditación. Sabemos, como nos ha explicado Krishnamurti alguna vez, que el esfuerzo es la raíz del sufrimiento. Porque al no ver las cosas como son, las observamos como queremos. Esta diferencia entre la realidad y nuestros anhelos produce conflicto, es resistencia y por tanto crea dolor. Una parte de nuestra energía se va en aquello que queremos, otra en aquello que no queremos, y otra queda para observar la realidad.

Esta división de energías se aprecia de muchas maneras, pero quizá la más "evidente" es la observación, mirar, me explico. Cuando observamos cierta imagen que la vemos tremendamente bella, los colores, los contraste, la luminosidad, adquieren una dimensión diferente; mayor intensidad y es como si nos absorbieran. Nuestra percepción se agudiza y en esos momentos, gran parte de esa energía se encuentra focalizada en ver la imagen. A medida que esa imagen la observamos menos nítida, con menos detalles, con menos belleza, es porque nuestra energía se divide.  Quizá este sea un ejercicio al que no le deis importancia, pero se requiere de una gran sensibilidad y paciencia para comprenderlo. No siempre aparece esa idea que utilizamos como lente de color para ver el mundo y como refugio para evitar sentirnos lastimados. A veces, estamos tan acostumbrados a ella, que no la podemos ver. Si desde pequeños nos hubieran puesto gafas de sol, y nunca nos las hubieran quitado, ¿no pensaríamos que el mundo es como un poco más oscuro? Imaginaros además, cuando nos quitaran las gafas, la sensación tan maravillosa de imágenes y colores que recibiríamos... pensaríamos que estamos en el cielo.

Fijaros pues, un día, tranquilos y relajados en como veis, en como mirais una imagen, cómo os relacionáis con ella y que ideas preconcebidas están dentro de nosotros y que sin saberlo, utilizamos a modo de filtro. Cada filtro que encontréis, es una resistencia energética, y cada vez que lo superéis, os iréis encontrando más a vosotros mismos, os conoceréis más. Quizá os llevéis una maravillosa sorpresa.

Existe un libro, de mi maestro favorito que se llama "El espejo de la relación" y otro que se llama "Sobre las relaciones". Hago hincapié en estos libros de Krishnamurti por que quiero destacar la importancia en la filosofía oriental que se le da a la relación, no solo con la pareja, también con la familia, amigos, desconocidos, animales, plantas, etc... con todo lo que nos rodea. 

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